Paraguay vuelve a brillar en uno de los escenarios más importantes de la industria fashion mundial. El diseñador Simón Villalba logró abrirse camino nada menos que en el New York Fashion Week, consolidando su nombre entre los talentos latinos que pisan fuerte en la capital de la moda.

Pero su historia no empezó en una pasarela internacional. Empezó desde abajo.
Nacido en Paraguay, encontró en la moda una forma de expresión cuando las oportunidades eran limitadas. Su talento fue creciendo junto con una convicción inquebrantable: los sueños no se negocian.
Emigrar a Estados Unidos significó empezar de cero. Sin contactos, sin privilegios y con el peso de dejar atrás a su familia y su tierra. El proceso no fue fácil. Hubo puertas que se cerraron, momentos de duda y sacrificios profundos, incluyendo la pérdida de su padre en medio de esa etapa de transformación personal. Sin embargo, esa ausencia se convirtió también en fuerza.

Con disciplina extrema y una fe constante, su trabajo comenzó a posicionarse en escenarios cada vez más relevantes hasta llegar al New York Fashion Week. Y allí no solo presentó moda.
Presentó identidad.
Cada creación suya lleva el sello paraguayo: referencias a nuestros bordados tradicionales, la delicadeza del ñandutí, la fuerza de los colores y la resiliencia que caracteriza a nuestra gente. Para Simón, validar lo nuestro no es un discurso, es una práctica. Es demostrar que lo que nace en Paraguay tiene el mismo valor que cualquier referencia global.
En una industria donde muchas veces se mira hacia afuera buscando aprobación, él decidió hacer lo contrario: mostrar con orgullo quién es y de dónde viene. Porque nuestras raíces no se modifican para encajar; se elevan para que el mundo las respete.
Hoy, además de su paso por el NYFW, ya proyecta nuevos desafíos internacionales, incluyendo su participación en la Semana de la Moda de New Jersey 2026 y colaboraciones con reinas de certámenes de belleza.

Simón Villalba no solo cumplió un sueño personal. Confirmó que Paraguay tiene talento de exportación y que cuando la disciplina se combina con fe y autenticidad, las fronteras dejan de existir.
Desde abajo, pero con raíces profundas.




