En pleno centro de Asunción, a metros de la Casa del Teatro, una persona de casi 70 años pide limosna para sobrevivir. No es un caso aislado ni una exageración: es la cruda realidad que muchos prefieren ignorar.
“Estoy pidiendo limosna porque no tengo trabajo”, cuenta. Su refugio del sol y del calor es la entrada del teatro, donde puede tomar agua y usar el baño. Derechos básicos convertidos en un privilegio. Sus días transcurren entre la mínima solidaridad de vecinos, restaurantes y conocidos, que con lo poco que tienen intentan ayudarla.
La situación es crítica: tiene diabetes, insuficiencia cardíaca, problemas en las válvulas mitral y aórtica, y un aneurisma congénito. Además, cuida a su padre de 96 años, sin recibir apoyo del Estado.
A esta dura realidad se suma el hostigamiento en redes sociales, donde algunos se burlan de su vulnerabilidad. La frase “pronto voy a morir” no busca dramatizar: es un llamado de alerta ante un sistema que falla cuando más se necesita.
El caso fue publicado por Manuel Cuenca, periodista de renombre y uno de los más respetados del país, quien expone esta historia para visibilizar la ausencia del Estado y la normalización de la miseria.

