Hay historias que merecen ser contadas, y la de Alda Cardozo es una de ellas. De trabajar por los derechos de las personas privadas de libertad a brillar sobre las tablas, su vida está marcada por el servicio, la valentía, la cultura y una profunda capacidad de reinvención.

Nacida en Concepción, Alda construyó durante años una trayectoria ligada al compromiso social. Acompañó procesos de recuperación de personas afectadas por el consumo de alcohol y drogas junto a la misión de la Hermana Regina Sian, y durante diez años presidió la Fundación Marco Aguayo de Lucha contra el SIDA, llevando capacitaciones a escuelas y colegios de distintos puntos del país.
Una labor humana dentro del sistema penitenciario
En el año 2008 se incorporó a la Pastoral Social Penitenciaria, iniciando una importante tarea dentro de la Penitenciaría Nacional de Tacumbú. Desde allí trabajó en la defensa de personas privadas de libertad, especialmente aquellas en situación de mayor vulnerabilidad.

Su labor se extendió a penitenciarías de todo el país, donde conoció de cerca historias marcadas por el abandono, la pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades. Esa experiencia la llevó a escribir el libro “Transformación de una mente criminal”, donde relata casos que le tocó acompañar y expone una realidad muchas veces ignorada.

En 2019, el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura reconoció su labor en defensa de los derechos humanos de las personas privadas de libertad.
El arte llegó como una nueva misión
Pero la vida de Alda tomó un nuevo rumbo cuando en 2022 se sumó al elenco de la obra “Elisa Lynch y el Mariscal López, una historia de amor sin límites”, invitada por la actriz y directora Margarita Franco, presidenta de Asunshow Producciones y directora del Parlamento Cultural del Paraguay.
Esa experiencia la inspiró a formarse como actriz, carrera que culminó el pasado diciembre. Desde entonces, Alda encontró en el teatro otra forma de comunicar, emocionar y llevar la historia paraguaya a más personas.

También formó parte de la obra “Madre Tierra”, donde interpretó a una residenta en una puesta que recuerda las penurias de la Guerra Guazú. La obra fue presentada con éxito en escenarios como Arlequín Teatro, Sala La Correa y el Colegio Santa Clara.
Paraguay brilló en Buenos Aires
Alda también fue parte clave de la gala “Un pedazo de Paraguay en el Barolo”, realizada el 8 de junio de 2024 en el emblemático Palacio Barolo de Buenos Aires.
La noche fue histórica, ya que el palacio abrió sus puertas por primera vez a un elenco paraguayo de gran nivel. Desde Paraguay viajaron 45 artistas para presentar la obra “Madre Tierra”, junto a elencos de danza, canto, ballet y arpistas paraguayos residentes en Argentina.
En ese viaje, Alda recibió la distinción de Embajadora de la Cultura Argentino Guaraní, con la imposición de una banda argentina y una medalla alusiva.
Nueva York también aplaudió al arte paraguayo
La obra musical “Elisa Lynch y el Mariscal López – Historia de un amor sin límites” también llegó a Nueva York, invitada por el Centro Paraguayo de Nueva York, en el marco de las Fiestas Patrias y el 60° aniversario de la institución.
La función se realizó el pasado 16 de mayo en el teatro de la Escuela Paraguaya local, con sala llena y un público emocionado. La puesta reunió a 143 actores, entre paraguayos que viajaron desde nuestro país, residentes en Estados Unidos, hijos y nietos de compatriotas.
El objetivo fue más allá del escenario: acercar la historia paraguaya a nuevas generaciones que conocen el país de sus padres desde el amor familiar, pero no siempre desde la memoria histórica.
La delegación paraguaya contó con el apoyo del Consulado paraguayo en Nueva York y fue recibida por la cónsul Fabiola Torres. El elenco de Asunshow estuvo encabezado por Margarita Franco e integrado, entre otros, por Marcelo Momrat, Alda Cardozo, Rosa Zárate, Norma Vargas y Victoria Solano López.
Una mujer que sigue dejando huellas
Alda Cardozo demuestra que nunca es tarde para comenzar una nueva etapa. Pasó de recorrer penitenciarías y defender derechos humanos a pisar escenarios nacionales e internacionales, llevando consigo la misma esencia: servir, construir y representar al Paraguay con orgullo.
Hoy se consolida como una actriz paraguaya en ascenso, pero también como una mujer que convirtió cada experiencia de su vida en una misión.
Su historia no habla solo de teatro. Habla de humanidad, segundas oportunidades, memoria, cultura y de una paraguaya que decidió reinventarse sin perder el corazón.

