El exsenador convirtió la gala más exclusiva en un campo de batalla social: un dron lanzando panfletos, acusaciones de “dictadura bananera” contra la directiva y hasta la FOPE irrumpiendo en plena fiesta.
Suspendido del club por denuncias de polución sonora, Jaeggli respondió con un acto que bautizó como “Rebelión”, llamando a los jóvenes a derrocar a la cúpula del Centenario.

Pero la bomba no termina ahí: la directiva retrucó asegurando que la sanción no fue por sus quejas, sino porque entró armado a una boda y amenazó a la wedding planner.

Resultado: un dron atascado en los árboles, un debut que pasó de gala a escándalo, y Jaeggli otra vez en el centro de la polémica.

