El Día del Folklore se celebra cada 22 de agosto en homenaje a la riqueza cultural que guarda cada pueblo y que ha sido transmitida de generación en generación. El término fue acuñado en 1846 por el arqueólogo inglés William Thoms, quien utilizó la palabra “folk” (pueblo) y “lore” (saber) para definir el conjunto de tradiciones, costumbres y expresiones que forman la identidad de una comunidad.
En Paraguay, el folklore ocupa un lugar fundamental en la memoria colectiva. Se expresa en la música, la danza, la artesanía, la gastronomía y las creencias populares. La polca y la guarania, por ejemplo, son más que géneros musicales: representan la sensibilidad de un pueblo y son embajadoras culturales en todo el mundo. Las danzas típicas, como la danza de la botella o la galopa, han trascendido generaciones, manteniendo vivo un legado que se aprende desde la infancia.
Hoy en día, el folklore sobrevive y se transforma. Aunque enfrenta el desafío de la globalización y el avance de las nuevas tecnologías, sigue vigente gracias a la transmisión oral, a las escuelas de danza y música, y al trabajo de artistas que revalorizan lo tradicional incorporándolo a lo contemporáneo. Festivales, encuentros culturales y celebraciones patrias refuerzan su permanencia, recordando que el folklore no es una reliquia del pasado, sino una expresión dinámica que evoluciona sin perder su esencia.
El folklore se mantiene vivo porque está arraigado en la vida diaria. No es solo una manifestación artística, es también una forma de entender el mundo, de celebrar la vida y de preservar la memoria histórica. Su permanencia demuestra que, aunque cambien los tiempos, la identidad de un pueblo siempre encuentra la manera de expresarse.

