La vida de Brenda Ávalos Chávez parece sacada de una película. Paraguaya, artista, aventurera y soñadora, a sus 28 años recorrió distintos rincones del mundo siguiendo su pasión por el arte y los viajes, sin imaginar que el destino le tenía preparado uno de los capítulos más importantes de su vida nada menos que en Nueva York.
Brenda llegó a Estados Unidos con un contrato laboral para formar parte del reconocido Paranormal Circo, experiencia que la llevó a recorrer el país de punta a punta durante un año, viviendo la adrenalina de las giras, los escenarios y la vida itinerante. Pero su espíritu viajero ya venía de antes: vivió un año en Dubái, seis meses en Israel, visitó Omán, Bahréin, España, Francia, Brasil y Argentina, construyendo una historia marcada por la aventura y la valentía.

Al finalizar su etapa con el circo, decidió mudarse a Nueva York junto a una amiga. Lo que parecía ser una nueva etapa laboral terminó convirtiéndose en el inicio de una historia de amor inesperada.
El flechazo ocurrió en Manhattan. Brenda acudió al lugar por motivos de trabajo y allí cruzó miradas con Stiven Paulino, un ciudadano estadounidense de raíces dominicanas que en ese momento trabajaba como guardia de seguridad. La conexión fue inmediata. Según cuentan, fue prácticamente amor a primera vista.
Desde entonces, una cosa llevó a la otra. La química entre ambos fue creciendo hasta formar una relación donde el cariño, la admiración y la complicidad lograron superar las diferencias culturales. Pero el momento decisivo llegó cuando el tiempo de visado de Brenda estaba por terminar y el regreso a Paraguay parecía inevitable.
Fue entonces cuando Stiven decidió jugársela por amor.
El romántico pedido de matrimonio tuvo lugar en el icónico Central Park, en pleno corazón de Nueva York. Rodeados de naturaleza y con la ciudad como testigo, Stiven se arrodilló y le pidió a Brenda que fuera su esposa. Ella dijo que sí, sellando así una historia que unió la calidez paraguaya, las raíces dominicanas y la vida vibrante de Estados Unidos.
La boda se realizó de manera sencilla, íntima y familiar. Uno de los momentos más emotivos para Brenda fue contar con la presencia de su hermana menor, Haneli Chávez, quien viajó especialmente desde Paraguay para acompañarla en ese día tan importante.
Sin embargo, no todo fue felicidad completa. La distancia también se hizo sentir. Por las dificultades para obtener la visa estadounidense, su mamá, su pequeño hijo, sus hermanas y sus tías no pudieron estar presentes físicamente en la ceremonia. Para Brenda fue un momento de emociones encontradas, ya que su mayor anhelo era recibir el abrazo de su madre y de su hijo en una fecha tan trascendental.
Aun así, se mostró profundamente agradecida a Dios porque su hermana pudo estar allí, representando a toda la familia.
Actualmente, Brenda y Stiven disfrutan de su vida de casados en Manhattan. Él quedó tan encantado con las raíces paraguayas de su esposa que incluso tiene intenciones de aprender guaraní. Además, ambos comparten salidas a restaurantes paraguayos, donde Stiven disfruta de la gastronomía nacional y se acerca cada vez más a la cultura de Brenda.
La pareja ya proyecta un nuevo destino: mudarse próximamente a Miami, ciudad donde viven los padres de Stiven.
Así, la historia de Brenda demuestra que el destino puede cambiar el guion en el momento menos esperado. Después de recorrer escenarios, países y culturas, la paraguaya encontró en Nueva York el amor que hoy considera su mayor refugio. Porque a veces la vida nos baja del escenario para regalarnos el papel más importante de todos.

