Para Jessica, ser elegida como representante del Centro de Ayuda a Pacientes con Cáncer es mucho más que un título: es un compromiso que abraza con todo el corazón. “Es una de las bendiciones más grandes de mi vida”, cuenta. Su misión no es solo acompañar a los pacientes, sino especialmente a los niños. “Cada historia que escucho me toca profundamente y me motiva a seguir luchando junto a ellos todos los días”, agrega.
Cuando recibió la noticia de su elección, lo primero que hizo fue agradecer. “Pensé en cada paciente con quien compartí risas, lágrimas o silencios… y en los niños, que nos enseñan tanto sobre la vida”, recuerda. Además, su labor está inspirada por sus propios hijos: “Todo lo que hago, lo hago pensando en ellos”, asegura.
Jessica quiere usar su voz e imagen para visibilizar la realidad de quienes enfrentan el cáncer en Paraguay. “Quiero mostrar la otra cara de la enfermedad: la del amor, la esperanza y la humanidad. Contar historias reales, generar conciencia y, sobre todo, regalar sonrisas a los más pequeños. Un juguete, una visita o un abrazo pueden cambiar su día”, explica.
Si tuviera frente a frente al Presidente, Jessica no dudaría en pedir acción inmediata: “El cáncer no espera, y acá los pacientes sí. Necesitamos medicamentos de primera línea, tecnología para diagnósticos rápidos, más especialistas y más centros oncológicos fuera de la capital. La salud no puede depender del lugar donde naciste”, enfatiza.
Pero también recuerda que todos podemos aportar desde casa. “No siempre hace falta dinero. Un mensaje, un abrazo o simplemente escuchar puede marcar la diferencia. Acompañar, estar presente, dar contención… eso fortalece y no cuesta nada”, concluye.
Jessica no es solo representante del Centro: es un ejemplo de humanidad, compromiso y esperanza, dejando una huella en cada paciente y familia que toca.

